
Durante la profunda crisis del siglo III d.C. el ejército
romano experimentó una profunda transformación, que sería
consolidada e institucionalizada por la primera Tetrarquía,
a finales de ese siglo. El esquema defensivo altoimperial,
basado en unidades legionarias de élite y unidades auxiliares
subalternas esta-cionadas juntas a lo largo de las fronteras,
fue sustituido por otro, en el que sólo unidades subalternas
–denominadas genéricamente limitanei- guarnecían
las fronteras, mientras que se creaba un ejército de élite
móvil –los comitatenses-, preparado para atender
las emergencias allí donde se produjeran.
La otrora omnipresente
e imprescindible infantería legionaria romana quedó relegada
a un segundo plano y englobada en los limitanei,
mientras que la caballería pasaba a ocupar el lugar preponderante,
como correspondía a una idea estratégica en la que primaban
la movilidad y la defensa en profundidad. El gran problema
del ejército tardorromano era la dificultad de obtener reclutas
dentro del Imperio. La solución se encontró en enrolar bárbaros
a título individual, adiestrados y encuadrados en unidades
romanas. No obstante, lo caótico de la situación a partir
de finales del siglo IV d.C. obligó a recurrir cada vez
más a contratar bandas de mercenarios bárbaros bajo sus
propios jefes, lo que ocasionó la paulatina disolución del
ejército regular romano en occidente a lo largo del siglo
V d.C. |